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La importancia en la capacitación

Hace un par de meses que vengo pensando en la cantidad de dinero que invierten empresas en capacitar a sus empleados, hasta que me decidí a escribir este artículo.

Aparte de mi labor dentro de Especialidades Juveniles Costa Rica, trabajo en una multinacional muy grande de la cual he aprendido varios conceptos, que NO son nuevos porque los podemos ver en la Biblia, pero que si es muy importante ponerlos en practica. La capacitación y la curva de aprendizaje son valores reales en la búsqueda de la eficiencia y eficacia. Día tras día se invierten miles de dólares en capacitar al personal y refrescar temas ya aprendidos. Esto con el fin de que aquellos a quienes servimos reciban lo mejor de nosotros y podernos convertir en su opción numero uno. Frenar, planear y dar pasos certeros es siempre más valorado que correr sin propósito desgastándonos en hacer y hacer, sin poseer las mejores herramientas o, peor aun, sin saber siquiera hacia donde nos dirigimos.

Probablemente estés pensando en este momento: “¿Para que quiero saber todo esto sobre el lugar donde trabajas?”, aquí es donde identificamos un gran “área de oportunidad” que tiene la iglesia y que debemos trabajar: Dar la debida importancia a la capacitación.

La iglesia como tal cree que la gente tiene las herramientas necesarias para salir a conquistar solo porque los domingos en la mañana llegan temprano. Lastimosamente el liderazgo de la iglesia en Latinoamérica es en su mayoría sin capacitación. Creemos que por tener el Espíritu Santo somos omnisapientes y que no necesitamos nada más para cumplir con la misión que Dios nos ha encargado. La capacitación es la diferencia entre fallar muchas veces y estropear muchísima materia prima mientras aprendemos o fallar mientras dominamos lo que nos enseñaron y mejorar el rendimiento de lo que hacemos. Viéndolo desde el punto de vista eclesial, la capacitación es la diferencia entre cometer muchos errores (que a la larga nos harán crecer, de eso no hay duda ) o ir aplicando lo que nos están enseñando para ser servidores más efectivos.

Probablemente en este punto estés pensando en los miles de dólares que hablé en el principio y de cómo la iglesia podría sacar ese dinero para capacitar a sus colaboradores… pues quiero contarte lo que ha sucedido entre el 2008 y 2010 en estas macro empresas para seguir capacitando a su gente aún en medio de crisis y sin presupuesto.

Se ha optado por utilizar los recursos que tenemos a la mano y hacer uso de nuestra imaginación, lo cual debe de ser fácil para nosotros siendo hijos del Dios creativo. A continuación varios tips que intentaré contextualizar al cristianismo de la mejor manera posible:

1.       La capacitación puede ser impartida por líderes experimentados de nuestra iglesia con el apoyo de materiales didácticos tomados de sitios web y otros por el estilo

2.       Buscar en recursos escritos los mejores materiales y ponerlos al alcance de la gente

3.       Fomentar el compartir con otros su tips para hacer mejor su trabajo con gente experimentada una vez cada mes.

4.       Premiar el desarrollo de las personas si es su iniciativa y además fomentar el mentor como figura en nuestros ministerios.

5.       Nunca apartarnos de la base de lo que hacemos para ser cada vez más eficientes.

6.       Deje huella de sus capacitaciones, guarde datos, recopile información, y téngala  la mano por si necesita usarla de referencia para otra temática.

7.       Si no puede desembolsar grandes cantidades de dinero para pagar formación profesional aproveche talleres, seminarios y cursos especializados que ministerios y entidades pongan a su alcance.

8.       Haga su propia base de información con reportajes, artículos, devocionales, resúmenes u otros. Póngalos en papel y archívelos en un ampo para su fácil uso.

Estos son unos consejos que podemos empezar a usar en nuestras iglesias para invertir en capacitación. No es necesario un presupueste de miles de dólares. El todo esta en invertir, primero que todo, disposición y tiempo.

Recordemos que Jesús invirtio 3 años capacitando a sus enviados antes de su misión. Además lo que dejó fue un legado de discipulado que dura toda la vida y que debemos de tener presente en nuestros proyectos y ministerios.

Me estaré refiriendo a este tipo de temas en mis próximos artículos.

Un abrazo!

 

Diego Solís Moraga

Especialidades Juveniles Costa Rica

¿Cómo ayudar a nuestros jóvenes a encontrar su propósito?

Karen Lacota

1. Mostrémosles el camino hacia la verdadera espiritualidad. Todo joven es atraído por lo sobrenatural; por ello, debemos entender que si bien las actividades son importantes, lo fundamental es ayudar a los jóvenes a encontrarse con Dios, y a que establezcan una relación personal e íntima con Él, es en este punto donde encuentran un sentido real a la vida cristiana.
No se puede dimensionar lo que puede ocurrir con jóvenes que se rinden íntegramente ante Dios!!!

2. Instruyámoslos en la Palabra de Dios, pues ella les indicará como vivir. Todo lo que hagas céntralos a los principios de la Biblia, así podrán experimentar y conocer a Dios de diversas maneras. La Biblia con su enseñanza absoluta les dará la base moral para vivir en un mundo relativo. Podrán establecer pautas de vida que determinarán quienes son y lo que alcanzarán.
Es gratificante ver a nuestros jóvenes determinados a vivir por Dios!!!

3. Debemos crear espacios donde puedan expresarse a través de las artes, la oratoria, la literatura, los deportes, etc. Esto permitirá que descubran su potencial y sus puntos fuertes. Podrán poner énfasis en determinadas áreas para servir a Dios, y también nos ayudará a poder conformar un equipo eficaz dentro del ministerio juvenil. Dios los hizo originales e irrepetibles.
Si lo haces te sorprenderás de lo que pueden SER!!!

4. Expongámoslos a realizar servicios sociales como visitar hogares de niños, de ancianos, a comprometerse de cuidar a una persona enferma, o a pintar la casa de una viuda, etc. Servir a la comunidad permitirá que desarrollen empatía hacia los demás; que adquieran mayor sensibilidad hacia las necesidades de otros, lo que a su vez los llevará a asumir una responsabilidad social; y a tener una visión global de la vida, ya no se centrarán solo en sí mismos sino también considerarán a los demás y a su realidad. Quizá algunos de tus jóvenes sean motivados a desarrollar proyectos sociales relevantes para su comunidad y país.
Si te atreves te sorprenderás de lo que son capaces de HACER!!!!

5. Invirtamos recursos en ellos. En muchos casos serás la única oportunidad que tus jóvenes tendrán para crecer y encontrar su propósito. Cuando inviertes en ellos tu vida, tu tiempo, tu amistad y en ocasiones dinero, obtendrás la satisfacción de verlos crecer, madurar y desarrollar el plan que Dios diseño para sus vidas.
Si te arriesgas te sorprenderás de lo que Dios puede hacer a través de ti!!

6. Permitámosles que se equivoquen. Dales la oportunidad de HACER, seguro la primera vez no lo harán tan bien como tú, pero aprenderán si los dejas. Es mejor que realicen un ensayo-error contigo: les mostrarás como se hace, luego lo harás con ellos y después lo harán solos. En este proceso adquirirán las herramientas, desarrollarán su potencial e irán adquiriendo seguridad y confianza en ellos mismos.
Es increíble lo que tus jóvenes pueden alcanzar cuando crees en ellos!!!

7. Incentivémosles a que desarrollen su área intelectual. Ayúdalos a identificar sus áreas fuertes y débiles, seguro a partir de esto podrán tener una orientación académica. Impúlsalos a que se capaciten, realicen cursos, participen de seminarios, terminen su secundaria e ingresen a la universidad. Una generación preparada adquirirá mayores y mejores herramientas para afectar a nuestra nación, y llegar a lugares y personas a las que nosotros no llegaremos ni alcanzaremos.
Jóvenes preparados espiritual e intelectualmente producirán una transformación en su entorno y comunidad!!!

Liderazgo: Delegar

Felix Ortiz

 “Así pues, los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al ver a Jesús, le adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo: -Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:16-20)

Uno de los grandes retos de todo pastor de jóvenes es delegar. Delegar es dar a otros, parte de nuestra responsabilidad y también, parte de nuestra autoridad. Delegar es estar dispuesto a perder el control, a no tomar las decisiones, a dejar, no solamente que otros las tomen por nosotros, sino asumirlas como propias y seguir el liderazgo de otros en aquellas áreas que hemos delegado. Delegar es potenciar, es dar alas, es crear posibilidades para el crecimiento y el desarrollo de otros. Delegar es también permitir el fracaso, entendiendo que el fracaso es imprescindible para poder crecer, perfeccionarse, conseguir maestría en cualquier campo de la vida. Delegar es mostrar confianza, es transmitirle a la otra persona nuestra creencia en ella, su potencial, sus posibilidades, su futuro. Delegar es tener la íntima convicción de que la gente puede hacer las cosas y tan sólo necesita la oportunidad, la confianza la creencia. Delegar es el gozo de ver que los dones se multiplican para la gloria de Dios y la extensión de su reino. Delegar es ver a las personas como Dios las ve, ver no lo que son, sino aquello que pueden llegar a ser.  Delegar es el privilegio de colaborar con Dios, de ser un instrumento en sus manos para el trabajo sobrenatural que Él desea hacer en la vida de otras personas. Delegar es un reto para todo líder sea cual sea su área de ministerio. Delegar produce miedo en muchos de nosotros.

Algunos de los matices de este miedo son totalmente irracionales. Van muy ligados con nuestra propia inseguridad. Nos preocupa que si delegamos la gente lo haga bien. Consecuentemente, si lo hace bien, crezca y nosotros podamos llegar a perder nuestro status delante de los jóvenes. Precisamente porque nos da miedo que sea capaz de hacerlo bien nos escudamos en que lo hace mal para no delegar. El miedo es irracional y cuando caemos en la irracionalidad somos capaces de justificar lo injustificable.

Otros miedos son, digámoslo así, más presentables en sociedad, incluso reales, auténticos. Si delegamos el trabajo la tarea no será hecha con la calidad que nosotros la haríamos y que debería ser hecha. Es cierto, nadie puede objetar contra eso. Sin embargo, si no delego siempre tengo que hacer yo la tarea, nadie puede reemplazarme, nadie puede alcanzar mis estupendos niveles de calidad porque nadie puede aprender sin fallar y, cuando alguien está en el proceso de aprendizaje, la calidad a corto plazo puede resentirse aunque a medio y largo plazo mejore. Si delegamos perdemos más tiempo explicando cómo hacer las cosas que haciéndolas por nosotros mismos. Cierto, somos más rápidos, más ágiles, pero siempre estaremos solos si no invertimos el tiempo necesario en capacitar a otros. A veces pienso que precisamente es eso lo que queremos, tener nosotros todo el control.
Si delegamos, en muchas ocasiones, perdemos un montón de tiempo en arreglar los “desperfectos” que otros han creado. Cierto también, pero ya sabemos que forma parte de la lógica del aprendizaje, del proceso natural. Si no se siembra no hay fruto. Es verdad que entre la siembra y la cosecha hay tiempo y trabajo duro por en medio. Pero la segunda no es posible sin la primera. Pienso si en el fondo delegar no será ante todo, y sobre todo, una lucha contra mí mismo, contra mi tendencia y necesidad humana de tener el control de todas las cosas.

Necesito, en este tema, como en tantos otros, recobrar la perspectiva correcta. No puede haber crecimiento, desarrollo, madurez en la vida de los jóvenes sin delegación de responsabilidades. También me doy cuenta que la delegación necesita tener ciertas cualidades para que sea de bendición en la vida de los jóvenes con los que estoy trabajando. He de delegar con la motivación correcta. Es una tentación muy humana hacerlo para demostrar que el delegado no sirve, no es capaz, no es confiable. He de delegar con el propósito correcto. La finalidad de delegar es ayudar al desarrollo, la madurez, el crecimiento del joven. La delegación no tiene ningún sentido si no está relacionado con este fin último. Necesito recordarme que no delego para tener menos trabajo, eso es utilitarismo. Delego para ayudar al otro a crecer y, en ese proceso, como resultado tengo menos trabajo.He de delegar en la proporción correcta. Si el reto es ínfimo la persona no crecerá. Si el reto es abrumador puedo hundirla para siempre. Necesito la sabiduría para delegar en la proporción que le permita ejercer su fe y tener que enfrentar un desafío. He de delegar proveyendo los recursos correctos. No puedo delegar sin ofrecer al delegado todos los recursos para poder llevar a cabo con éxito su misión. He de delegar con la supervisión correcta. No puede haber delegación sin supervisión. La delegación carente de supervisión no tiene ningún valor pedagógico. No debo olvidar que cuando no ofrezco la supervisión necesaria todos los posibles errores son culpa mía.
He de delegar asegurando que existe una evaluación correcta. La delegación también pierde su fuerza educativa y transformadora si no soy capaz de proveer evaluación. Si no soy capaz de sentarme con el joven y valorar qué ha ido bien y por qué. Que ha funcionado mal y por qué. He de delegar con la libertad necesaria. No puedo delegar sin ofrecer libertad para fallar. Sin proveer un ambiente de gracia en el cual, el fallo es posible y aceptable y no afectará al valor, dignidad o posición de la personal. He de delegar proveyendo un ambiente de segundas oportunidades.

MI ORACIÓN

Señor ayúdame a delegar. Ayúdame a creer en la gente. Ayúdame a considerar aceptable una pérdida de calidad en las actividades y las tareas, una pérdida de mi tiempo para explicar, supervisar y evaluar a los jóvenes, a fin de que éstos puedan desarrollar todo su potencial, pueden crecer, puedan ejercer sus dones. Dame valor para sacrificar mi presente en aras del futuro de ellos. ayúdame a estar dispuesto a perder el control. Señor, permite que sepa delegar bien, con la motivación y el propósito correctos. Ofreciendo los recursos y la supervisión necesaria. Evaluando fielmente con los jóvenes. Señor, permite que delegue en un ambiente de libertad, gracia y segundas oportunidades. Finalmente, Señor, ayúdame a ser lo suficientemente coherente con mi delegación para saber aceptar y seguir el liderazgo de los jóvenes en aquellas áreas que he sabido delegarles. Todo ello, para tu gloria.

TU REFLEXIÓN

1. ¿Te cuesta delegar? Si tu respuesta es afirmativa, ¿Por qué te cuesta delegar?
2. ¿Estás dispuesto a tolerar una cierta pérdida de calidad en las tareas, tu tiempo en explicaciones y supervisión a fin de que otros puedan crecer?
3. ¿Contiene tu delegación los elementos necesarios para hacer de la misma una experiencia transformadora para los jóvenes?
4. ¿Creas cuando delegas un ambiente de libertad, gracia y segundas oportunidades?
5. ¿Estás dispuesto a seguir el liderazgo de los jóvenes en aquellas áreas que has delegado? ¿Delegas la autoridad junto con la responsabilidad?

EL PERSONAJE

Moisés era un buen tipo, sin embargo, estaba abrumado, agotado y quemado por la inmensa tarea que tenía que llevar a cabo. En Éxodo 18 nos encontramos con el líder al borde de un auténtico ataque de nervios y también al pueblo. ¿El motivo? Moisés era responsable de juzgar todos los problemas que pueblo tenía, desde los más insignificantes hasta los más serios. Claro que eso tenía sus compensaciones. Moisés tenía todo el control, todo lo sabía, todo lo decidía ¡Pero a qué precio!

El pueblo tampoco lo pasaba mal. Como Moisés era el único en tomar las decisiones y todo tenía que pasar por sus manos los turnos de espera eran increíblemente largos. No era de extrañar que Moisés se agotara y el pueblo perdiera la paciencia.
Jetro, el suegro de Moisés, le hizo ver, no sólo la importancia de delegar como principio de liderazgo, sino la necesidad de delegar para simplemente poder sobrevivir.
En un pasaje sobradamente conocido Jetro le propone que parte de la carga quede en manos de otros. Eso significa para Moisés perder el control de una buena parte del flujo de información sobre el pueblo, sus problemas y sus necesidades.

Moisés, sin embargo, fue lo suficientemente sabio y humilde para entender que la gente estaría mucho mejor ministrada y servida en sus necesidades si el delegaba una parte de su responsabilidad y también de su autoridad en otros. Todos salieron beneficiados. Moisés porque se pudo centrar en las tareas más importantes. El pueblo porque los plazos de espera se redujeron y la justicia se agilizó. Los delegados porque tuvieron la oportunidad de ejercer los dones y las capacidades con las que Dios les había dotado.

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